Cómo la Motivación y el Apoyo Social Impactan en tu Vida.

Introducción

Autoconocimiento: Tras habernos dado los primeros pasos hacia un proceso de autoconocimiento a través de la exposición desarrollada en el primer artículo, enfocaremos nuestra atención y razonamiento a desarrollar aquellos procesos y estrategias que nos permitirán guiar nuestro comportamiento en una dirección determinada, utilizando el conocimiento que hemos obtenido acerca de nosotros mismos así como aquellos constructos psicológicos que podrían beneficiarnos a la hora de iniciar una conducta orientada a fines específicos, en ese caso, hacia la consecución del proceso migratorio.

De manera más específica, en el presente artículo enfocaremos nuestra atención en dos varibles particulares que son el apoyo social y el análisis de la motivación del sujeto, interpretándola como patrones prematuros de conducta predictores de la personalidad adulta, y que nos servirán de base para estructurar y fortalecer la conducta del sujeto en una dirección determinada en los artículos consecutivos.

Es de suponer que llegados a este punto, cada sujeto haya podido obtener a través del método del cuestionamiento expuesto durante el proceso de planificación, un amplio conocimiento acerca de si mismo, en lo que concierne al contexto que esté inmerso actualmente, las características propias de su comportamiento, así como también habrá tenido tiempo para analizar aquellos aspectos de su personalidad que son estables en el tiempo y que podrían serle de utilidad para desarrollar su propio plan de acción dirigido a la meta. Se recomienda que, llegados a este punto, cada sujeto haya al menos mentalmente representado toda la información relevante acerca de sí mismo, aunque la misma también puede ser recabada en forma de esquema en lápiz y papel, eso permitiría al sujeto entender mejor las relaciones existentes entre los distintos componentes psicológicos y como ellos pueden afectar a la conducta del sujeto.

Para ejemplificar este tipo de esquema, desarrollaremos a lo largo de los próximos artículos ejemplos esquemáticos que puedan ejemplificar el razonamiento seguido, y así pueda servirle de modelo para aplicarlo de manera práctica y específica, cada vez que lo necesite.

Habiendo marcado algunas pautas acerca de como abordaremos la presente exposición, procederemos ahora a adentrarnos en la comprensión de la variable apoyo social desde un enfoque retrospectivo y profundo.

Apoyo social como proceso: el apoyo social visto como un proceso, tiene como objetivo enfatizar en la manera en que su presencia u ausencia tiene para promover un comportamiento motivado y sostenido a lo largo del tiempo. Las figuras de apoyo vistas desde un punto de vista psicológico permiten al individuo obtener entre otras cosas, afecto, atención, consuelo, guía, adquisición de valores y conocimientos específicos provenientes de las personas que desarrollan dicho papel.

El disponer de un apoyo adecuado permite al individuo, expresar su estado emocional, sus deseos, inquietudes, metas, solicitar orientación entre otras cosas, facilitando a éste un mayor grado de bienestar, debido a que le permite dar soluciones a aspectos relacionados con su vida emocional de una manera interactiva y dinámica.  

Sin embargo, teniendo en cuenta que nuestra exposición va dirigida a una meta específica y siguiendo un proceso que fue previamente planificado, seria importante diferenciar entre las dos perspectivas sobre la que podemos mirar el papel del apoyo social, es decir, el apoyo social proveniente de un grupo de amigos, conocidos u familiares y el apoyo social instrumental, que es aquél que podemos disponer con independencia de nuestro circulo de amigos y que nos puede facilitar instrucciones dentro de un ámbito específico, a través de su conocimiento, a dar una solución a un problema en concreto, motivarnos y acercarnos a la meta que se persigue.

El apoyo social instrumental podría ser, por ejemplo, el que puede obtener el individuo a través del presente artículo, siempre y cuando sus expectativas se ajusten a la finalidad de este, ya que no solamente tiene la intención de proporcionar una información específica en un sentido u otro, sino que permite al sujeto adentrarse en el proceso que discurre entre una meta y el despliegue de los pasos que se necesita dar para llegar hasta ella. El apoyo instrumental, casi siempre es compartido, en la medida en que exige al individuo un grado de esfuerzo y compromiso con el proceso de aprendizaje, así como la asimilación y la acomodación de la información nueva, dos conceptos que han sido explicados en el artículo anterior.

En ese sentido, parece que nos acercamos a la comprensión de que el proceso implica acción y participación activa del individuo, y que la información por sí sola, por más comprensiva y profunda que sea, no podría llegar a conducirnos a ninguna parte sin que el sujeto sea parte integrante y directiva de este.

En la actualidad, podríamos también decir que el apoyo social instrumental se aproxima bastante a la figura del mentor, entendido ese como una persona que de manera sistemática enseña, retroalimenta, corrige y le da forma a la conducta de un sujeto y la encamina a la dirección deseada por él. Sin duda, es verídico admitir que todos nosotros en algún momento de nuestras vidas deberíamos disponer de un mentor, con independencia del ámbito de actuación, debido a que el poder disponer de conocimientos específicos en un determinado área de manera directa y delimitada, nos permite adentrarnos en un mundo nuevo de posibilidades, dar el paso a un cambio de perspectivas, eliminar obstáculos desnecesarios, así como distorsiones y barreras autoimpuestas, apartar las apariencias y quedarnos con lo estrictamente importante y necesario.

¿Y si nos adentramos en el análisis de los apoyos sociales y el papel del Contexto?

Analizar este tipo de variables es como realizar un viaje hacia dentro de si mismo e ir recorriendo los estrechos laberintos de la mente, a través de nuestros recuerdos fenomenológicos y experiencias con grupos de iguales en los diferentes ámbitos que hemos atravesado a lo largo de nuestra vida. Una manera atractiva de realizarlo sería a través de la introspección biográfica, utilizando el momento presente como punto de anclaje temporal, y retroceder en el tiempo de manera progresiva y con la mente abierta, intentando no emitir juicios valorativos ni tampoco tratar de inhibir momentos difíciles que quizá hayas experimentado en algún momento de su vida.

Tal vez estés en una etapa adulta así que, como ejemplo, supondremos que tengas en este exacto momento treinta años, y abarquemos algunos limites temporales en momentos concretos de su vida para explorar el proceso. Quizás, podríamos hacernos preguntas como las siguientes para inducir la libre manifestación de nuestros recuerdos más lejanos:

  • ¿Te acuerdas de cuando eras solo una crianza?
  • ¿Dónde vivías cuando tenías tan solo diez años?
  • ¿Te acuerdas el colegio al que fuiste?
  • ¿Y los niños con los que compartiste tu tiempo? Es probable que todavía conserve recuerdos de algunos de ellos. Seguramente hayas tenido recuerdos muy positivos a lo largo de la infancia, sin embargo, los recuerdos negativos suelen casi siempre marcar una presencia más fuerte en nuestra memoria, por la influencia que ejerce la amígdala en el almacenamiento de recuerdos intensos en la memoria a largo plazo y con mayor facilidad de acceso.
  • ¿Te viene alguno de esos recuerdos negativos a la cabeza? En caso afirmativo, puede que incluso hasta el día de hoy, sientas una leve sensación de malestar al acordarse de algunos de ellos. ¿Quizá taquicardia? ¿sensación de ansiedad? ¿rabia? Es común experimentar síntomas fisiológicos asociados al recuerdo de momentos difíciles. Son fenómenos que están conectados a través de una red neuronal densa, que conservan en gran parte su capacidad para reproducir los efectos fisiológicos que puede que haya sentido en el pasado al vivenciar un determinado evento aversivo.  

También es probable que mantuviste contacto con algunos de tus amigos de la infancia a lo largo de la adolescencia y quizá, incluso que algunos de ellos sigan estando presentes en tu vida de adulto. Es normal que mantengamos lazos afectivos sólidos con personas que han participado de nuestra infancia, sobre todo, por que es un momento muy sensible donde necesitamos afecto, comprensión, protección y desarrollamos una base importante para la construcción de nuestra personalidad, el sentido de pertenencia, la identificación de género que puede llevarse a cabo entre otros modos a través de los juegos interactivos que desarrollamos junto a otros niños, así como también tiene lugar, nuestras primeras experiencias negativas y positivas como miembros del grupo de iguales.

Aquí podríamos adentrarnos en los factores sensibles relacionados con la base de la estructura que sostiene una parte importante de nuestra personalidad adulta, y que, dependiendo de las relaciones establecidas en un momento sensible del desarrollo del niño, podrían también influir en los valores, creencias e identidad del adulto. En ese caso, lo único que nos interesa por ahora, es comprender el concepto de apoyo social, centrándonos en aquellos elementos que de manera estructural nos han permitido lograr los procesos de adaptación al medio, desarrollo personal y que nos han proporcionado afecto, retroalimentación y protección, tanto física como psicológica a factores externos que podrían habernos perjudicado en algún momento de nuestra vida.

Seguramente si sigues levando su atención hacia sus recuerdos más íntimos, podrás averiguar las figuras de autoridad que pasaron por tu vida, y que sin darse cuenta también eran figuras de apoyo, sea ese afectivo o instrumental. Intenta acordarte de los profesores que tuviste, de las horas que te han dedicado para que aprendas a deletrear, a leer, a escribir. Quizá todavía tengas el recuerdo del primer profesor de matemáticas y de lo divertido que fue aprender a contar hasta diez. La pregunta que aquí nos interesa es:

  • ¿Qué tal se han portado estos apoyos contigo?

Dentro del seno familiar, el padre y la madre son figuras de apoyo afectivo desde los momentos más tempranos del desarrollo del niño. Seguramente conserves una cantidad enorme de recuerdos con ellos y muy probablemente ellos sigan vivos en la actualidad, así que es muy probable que su relación con ellos no haya cambiado mucho, a pesar de las etapas y crises que hayas experimentado a lo largo de su vida, como el paso de la niñez a la adolescencia, y de esa a la vida adulta. Es muy habitual que la mayoría de las personas presenten cambios intensos de comportamiento a lo largo de estas etapas y, sin embargo, aquellos apoyos fuertes que nos sostienen, poco o nada se ven afectados en la manifestación de su apoyo incondicional hacia nosotros.

En este punto, cabe reflexionar acerca de una pregunta muy directa, y es la siguiente:

  • ¿Qué tal te has aportado tú con ellos?

Es muy probable, que veas que su conducta a lo largo del tiempo ha sido mucho más variable e impredecible que la de ellos, y que te acuerdes de momentos críticos donde hayas experimentado sentimientos de malestar, infelicidad, desilusión, arrepentimiento, frustración, ira, cólera entre otros, que han surgido por alguna intriga o desacuerdo que hayas tenido con ellos. Pues bien, todos estos síntomas nada más son, que las manifestaciones de su propio proceso de desarrollo de las propias ideas, valores, identidad personal, motivaciones y creencias, que se han ido desarrollando a lo largo de esta transición.

Habiendo reflexionado acerca de este proceso complejo e intenso, quizá estemos ahora en mejor condición para contestar la pregunta:

  • ¿Quién soy yo actualmente?
  • ¿Cuáles son los apoyos de los que dispongo?
  • ¿Son estos apoyos débiles, fuertes, constantes o infrecuentes?
  • ¿Con cuántos de ellos puedo contar?
  • ¿Es posible predecir cuántos de ellos seguirán conmigo?

Sería poco lógico hablar de los apoyos del individuo, sin hacer mención a una variable que tiene un peso, por así decirlo, muy relevante en la vida del sujeto, y que es indisociable del momento temporal en el que ha vivido el individuo y de los apoyos que éste dispone y es el contexto. El contexto, alude al momento histórico, al ambiente en el que nos desarrollamos, a las condiciones de vida, sociales, financieras, a las normas impuestas por la sociedad en que vivimos, así como los recursos que podemos disponer al pertenecer a ella.

Los apoyos sociales, instrumentales y afectivos, no serían nada si los sujetos no estuvieron inmersos en un contexto histórico único, en un sistema de valores con acceso a recursos educativos, médicos, religiosos, de derecho a la vida, a su independencia y a la libre expresión de sus necesidades.

Visto desde esta perspectiva más general, nos podemos dar cuenta que hemos contado con diferentes apoyos a lo largo de todo nuestro ciclo vital, y muchos de ellos seguirán siendo imprescindible para seguir avanzando hacia el estado ideal o meta que deseamos, cabe a nosotros averiguar cuáles son, cuántos han estado siempre presentes, cuál de ellos nos han permitido mayor ventaja individual para habernos convertido en lo que somos hoy, y a partir de ahora, decidir cuales de ellos seguirán con nosotros y de qué modo podrían ser utilizados para acercarnos a la meta.  

Seguramente, después de haber reflexionado acerca de los apoyos existentes, hayamos llegado a la conclusión de que, para ser capaces de lograr metas nuevas, necesitamos conservar algunos apoyos del pasado, buscar otros diferentes y específicos acordes a las necesidades actuales, así como predecir aquellos que podrían ser útiles de disponer en un futuro. Si somos capaces de actuar de manera honesta y reflexiva con nosotros mismos, existe una gran probabilidad de que podamos mantener nuestro sistema de bienestar conservado apoyándose en estos apoyos que disponemos, al mismo tiempo que destinamos recursos atencionales a lo que ahora necesitamos, así como también anticipar lo que vendrá en un futuro con mayor grado de autoconocimiento.

Recorrido por la Motivación:

Tras realizar un recorrido por nuestra propia biografía y habernos sido capaces de identificar y dar significado a los apoyos que disponemos, es la hora de enfocar nuestra mirada hacia una de las variables psicológicas y humanas más impresionantes, la motivación.

Antes de adentrarnos en descripciones teóricas acerca del constructo, conviene señalar que el desarrollo posterior del artículo no se circunscribirá a una reflexión acerca de la motivación aparente en sí mismo, sino que, abarcaremos esta como un proceso prematuro tanto instintivo como desprovisto de juicios de valores y que emite el sujeto en momentos tempranos de su desarrollo, a lo largo de su infancia, y que se podrá inferirse a través de la observación retrospectiva de su comportamiento, y que en la presente exposición se llevará a cabo desde la introspección y del recuerdo de la infancia, y actuará como un parámetro predictor de la personalidad adulta, que en parte estará explicada por las contingencias establecidas entre estimulo, respuesta y recompensa a lo largo del desarrollo del individuo.

La Motivación como constructo:

Desde un punto de vista psicológico la motivación es el elemento imprescindible del comportamiento humano, y es la energía necesaria que necesita el sujeto para moverse en una determinada dirección.

Como hemos abordado en el artículo anterior, cabe resaltar la diferenciación existente entre la motivación intrínseca y extrínseca.

La motivación desde su punto de vista más elemental podría ser descrita como aquella energía que permite al sistema biológico del sujeto satisfacer desde las necesidades más básicas e instintivas, como, por ejemplo, la que permite al sujeto concebir el acto sexual en su búsqueda del placer o la reproducción, la alimentación como conducta desplegada para saciar una necesidad biológica, así como aquellas orientadas a obtener un fin externo al propio cuerpo como las dirigidas a metas individuales.

En la bibliografía actual, todavía predominan términos que en su momento fueron utilizados para conferirle a la motivación un carácter más específico dependiendo del contexto en el que se utilizaba, como por ejemplo “pulsión”, “energía”, “impulso”, entre otros. Esos términos intentaban definir de una manera más específica como el sujeto desplegaba su comportamiento dependiendo del tipo de situación, así el término “impulso”, por ejemplo, definiría la motivación del sujeto cuando actuaba de forma instintiva para satisfacer necesidades biológicas básicas como las de índole sexual. En este sentido, para que podamos entender el significado del término de una manera más amplía, sería interesante enfatizar que en sus orígenes las concepciones de algunos constructos psicológicos y humanos se extraían del análisis comparativo entre especies.

Es sabido que una característica peculiar de los seres humanos es que son racionales, sin embargo, compartimos gran parte de características humanas con las demás especies como, por ejemplo, la alimentación, la actividad sexual, dormir, entre otras muchas. Así, que se partía de supuestos afines, tal que el acto sexual en el reino animal es algo puramente instintivo debido a que eran irracionales, por otro lado, cuando se analizaba el mismo acto en los humanos se etiquetaba como “impulso”, para referirse a un deseo que viene de dentro y es consciente, pero que busca el mismo fin, el placer y la reproducción, pero con matices claramente delimitados.

En lo que nos concierne y dentro de los límites de este artículo, definiremos la motivación de una manera más general, como aquella energía que permite al sujeto llevar a cabo acciones consecutivas tanto para satisfacer sus necesidades biológicas básicas, como aquellas orientadas al exterior, ya que de ella dependerá en gran medida el resultado que obtenga el sujeto en las distintas facetas de su vida.

Por introducir una pequeña analogía que os haga pensar, es sabido que, en diversos trastornos mentales, una de las variables que se suelen ver afectadas en mayor o menor medida es la motivación, un ejemplo clarísimo de ello es en la depresión y en su polo opuesto, podríamos resaltar la manía, lo que se podría observar en ese último caso, través de las manifestaciones del exceso de actividad psíquica y fisiológica que presentan estos pacientes.

Es cierto que adentrarnos en el mundo de la mente humana, puede parecer asustador en un primer momento, pero a través de la descomposición de los factores involucrados en nuestro comportamiento, podremos con el paso del tiempo ver como casi todas las variables se relacionan dentro del mismo sistema, y como el déficit o el exceso de un determinado componente puede afectar la conducta y el estado psicológico del sujeto. Si somos capaces de entender qué parámetros son relevantes para nuestro correcto funcionamiento, seremos capaces también de realizar los ajustes necesarios para que el sistema funcione a pleno rendimiento.

Un último matiz que convendría señalar es una analogía que se suele utilizar a menudo y que subyace a la bipolaridad entre dos estados emocionales diferentes, en este caso, la tristeza y la alegría. Se suele decir que la tristeza es el más mediocre de los síntomas humanos, debido a que presenta escasa motivación, mientras que para estar feliz hace falta energía, vitalidad y dar lo mejor de sí, y todo eso se consigue con la motivación adecuada.

Patrones o evidencias prematuras de conducta como predictores de la personalidad adulta.

Siguiendo los limites de nuestra exposición, comenzaremos desde ahora a adoptar un enfoque práctico-reflexivo, que tiene la intención de dirigir el proceso de introspección motivacional, a nivel individual, y que le permitirá adentrarse en su propio espacio íntimo de una manera crítica consigo mismo. Cabe resaltar que para desarrollar cualquier proceso de introspección, deberíamos partir de la premisa de que cualquier acto intencional que se realice a nivel psicológico para emitir juicios de valor acerca de sí mismo, muchas veces acaba frustrando los intentos del individuo para conocerse de una manera más profunda y holística, dado que el simple hecho valorativo puede sesgar y cerrar las puertas que nos llevaría hasta nuestra esencia, debido a que incorporamos elementos y normas del contexto a nuestro propio yo, bloqueando de ese modo las posibilidades de que se exprese con completa libertad.

Ejercicio de Recuerdo Biográfico Práctico y Consciente

Le invito a que a medida en que vayamos discurriendo por las líneas que se siguen, se pueda el lector, permitirse tomar el tiempo necesario para empezar a respirar de manera consciente, realizando respiraciones profundas y controladas. Para que le pueda servir como guía, puede que le resulte útil empezar realizando diez inspiraciones profundas, al mismo tiempo que rediriges tu atención al propio proceso respiratorio, es decir, a la inspiración y expiración.

Hazlo sin prisas, ese es un ejercicio perfecto para darse cuenta de que todavía estás aquí presente en cuerpo y mente, y que no te has perdido por el camino. Además, no existe proceso de reflexión posible si no estamos en contacto con nosotros mismos y desconectados del entorno. Como última indicación, le sugeriré que apartes de su vista, todo y cualquier estímulo innecesario que le pueda acaparar algo de atención, ya que esa junto a su tiempo, son las herramientas más importantes que dispones para lograr cualquier objetivo en su vida, y conocerse a sí mismo, es sin duda, un objetivo bastante ambicioso.

Habiendo descrito las instrucciones básicas, empecemos:

Estás empezando un viaje hacia lo más íntimo de su interior, ese espacio donde pocas veces te permites adentrar, ahí donde te encuentras en paz y en harmonía consigo mismo, donde conservas tus recuerdos, tus pasiones, tus deseos y necesidades más individuales. Sí, es delicioso poder dar el primer paso hacia lo subjetivo, hacerse consciente acerca de lo que de verdad te inspira, te motiva y quizá incluso te produzca cierta respuesta fisiológica condicionada, como puede ser la piel de gallina, la sudoración, o las manos heladas. Es ahí, donde nos adentraremos. Céntrate ahí, en este espacio privativo. Desde esa perspectiva, puede que ahora seas capaz de verte cuando todavía eras una crianza que carecía de los valores que persigues hoy y desconocías por completo las normas que la sociedad nos impone. Pregúntate ahora:

  • ¿Acuérdate de lo libre que te sentías para expresar tus propios deseos?
  • ¿Y cómo era delicioso reírse sin importar la razón?
  • ¿Te acuerdas cuándo realizabas acciones sin tener en consideración lo que pensarían de ellas?
  • ¿Y te acuerdas como te comportabas en compañía de sus padres? ¿Y sin la compañía de ellos?

Quizá pueda incluso acordarse de aquellos momentos en que desconocías la diferenciación de lo que son actos intencionales y no intencionales. Quizá, si nos adentramos en el contexto de su infancia, y nos aproximamos al momento exacto donde todavía no conocías estas denominaciones etiológicas, nos acercaríamos al conocimiento de tus acciones más prematuras, así como podríamos establecer conjeturas acerca de los estímulos que te acaparaban la atención, sin que para ello existiese un propósito definido.

Ese proceso retrospectivo es una herramienta muy poderosa, debido a que le permitirá observarse desde una perspectiva lejana, cuales fueron aquellas acciones que realizabas por libre albedrío, por impulso, por mera curiosidad, por ira, por rabia, por haber sido incomprendido, quizá engañado y hasta mal herido.

¿Puedes acordarte de algún momento a lo largo de su infancia que te hayas comportado por consecuencia de alguno de estos factores?  ¿Qué justificación pondrías a su acción en el entonces? ¿Cómo la justificarías en la actualidad?

Si lo analizas desde aquí y el ahora, es probable que llegues a la conclusión de que el proceso de aprendizaje y el conocimiento le permite establecer hipótesis y explicar su conducta de niño, a la vez que te permite encontrar justificaciones plausibles para explicar tus actos. Sin embargo, si retrocedemos una vez más, y nos deshacemos de todo el conocimiento logrado y de las normas sociales y conductuales interiorizadas a lo largo de su desarrollo; convendría preguntarse ahora, desde esa perspectiva acerca de las razones que tenías para actuar de dicho modo.

Es probable que llegues a la conclusión de que actuabas por impulso, instinto, deseo, poder, curiosidad, desconocimiento, ira y tal vez, incluso por maldad.

¿Qué es lo que te llevaba a actuar así? No te olvides, de que nos hemos propuesto no emitir juicios valorativos acerca de nosotros mismos, ya que así no podríamos llegar a comprendernos en absoluto, y estaríamos en un proceso de constante autoengaño.

En caso de que encuentres dificultad para ser honesto consigo mismo, pregúntate:

  • ¿Dónde podría llegar un individuo que nunca haya actuado con maldad, cuando se encuentre con otros que no hayan conocido otra cosa?

Es bien sabido que carecer de habilidades puede ser tan perjudicial como disponer de todas ellas, dependiendo de la perspectiva y utilidad a la que se persiga con ellas. Dentro de los enfoques de los constructos psicológicos, podríamos decir que los juicios valorativos bipolares poco o nada nos aportan en utilidad, sino que deberíamos más bien ceñirnos a la dimensionalidad o cantidad del atributo que dispone un sujeto, de manera que, siguiendo este ejemplo, todos tendríamos un poco de bondad y de maldad, respectivamente. Ahora pregúntate:

  • ¿Cuánto de maldad tienes tu?
  • ¿Cuánto de bondad?
  • ¿Cuánto de deseo?
  • ¿Cuánto de instinto?
  • ¿Cuánto de impulso?
  • ¿Cuánto de ira?
  • ¿Cuánto de culpa?
  • ¿Cuánto de curiosidad?
  • ¿Cuánto de arrepentimiento?
  • ¿Qué es lo que motiva su conducta? ¿El deseo? ¿el instinto? ¿la razón? ¿El amor? ¿El odio? ¿la ilusión? ¿la culpabilidad?
  • ¿Persigues satisfacer a su propia intimidad y su propio yo individual, o busca cumplir con los requisitos impuestos por la sociedad? Es decir, ¿actúas por complacerte a si mismo, o actúas por satisfacer a los demás?

Acuérdate que de niño actuabas con libertad para satisfacer sus propias necesidades y desconocías los juicios valorativos, así como que en algunos momentos tampoco disponías de una teoría de la mente, esa capacidad que adquieren los individuos para inferir como se sienten los demás, que podría incluso ser visto como antecesor de la empatía.

  • Pregúntate hasta que punto te conviene desplegar una conducta orientada a complacer necesidades externas y considerar los juicios valorativos, casi siempre sesgados que harán los demás. Es probable que, actuando así, esté dejando de lado lo que te interesa, a su individualidad, junto a sus necesidades, deseos, instintos y pulsiones.

Disponer de la capacidad para establecer una conexión profunda consigo mismo, permite al individuo, dirigir el foco de su atención hacia aquellas metas y estímulos que a él le permitan retroalimentarse, por el contrario, dirigirse siempre a lo externo, conlleva un grado de ignorancia acerca de si mismo, debido a que condiciona la valía personal a las opiniones ajenas. Para conceptualizar esa perspectiva, conviene resaltar que las valoraciones, a partir de ese momento, se harán con referencia a su dimensionalidad, es decir, al grado en que se presentan en mayor o menor prominencia en un sujeto, y poco nos importará los atributos o etiquetas que se utilizan de forma rutinaria en la sociedad, para categorizar a las diferencias individuales.

Desde esta perspectiva más realista, podremos empezar a conocernos de manera más profunda y centrar nuestros esfuerzos en las habilidades de aceptación y compromiso con nosotros mismos, tal como postula la terapia de aceptación y compromiso ACT.

Tras realizar ese minucioso recorrido hacia su interior y comprender el concepto de aceptación individual, nos apoyaremos ahora en el conocimiento obtenido acerca del proceso introspectivo de nuestra infancia. Es probable que, tras llevar a cabo el proceso, hayas podido percatarse de patrones conductuales que tendían a repetirse en el tiempo, como podría ser el actuar con ira cuando alguien te impedía lograr un objetivo concreto, llorar cuando te infligían algún daño inesperado, señalar con el dedo cuando en algún momento te sentías intimidado.

Por increíble que parezca, puede que, en la actualidad, algunos patrones de conducta incluso sigan estando presentes en su comportamiento de adulto como parte intrínseca de su personalidad, aunque se manifiesten con ciertos matices y ajustados a la realidad y sociedad en la que vivas hoy.

Haber recorrido ese espacio temporal y establecido contacto con nuestros recuerdos tempranos, permite hacernos conscientes de que en la base  del comportamiento se encuentran estilos conductuales desarrollados de una manera prematura a lo largo del ciclo evolutivo, y que analizarlos en sus orígenes es una manera muy factible para comprender una parte de nuestro comportamiento como adultos, debido a que los patrones de comportamiento suelen formar parte de la personalidad del adulto y haberse consolidado a través de las contingencias proporcionadas a lo largo de nuestro desarrollo por contingencia y hábito.

Para explicar ese punto, podemos hablar de aprendizaje por condicionamiento clásico. El condicionamiento clásico fue un método de aprendizaje conductual estudiado por Pavlov que entiende que un comportamiento determinado se verá consolidado tras relacionarse con una recompensa apetitiva o positiva para el sujeto, siempre y cuando esa le sea dispensada tras emitirse una conducta. Por otro lado, si se le otorga un estímulo aversivo tras su emisión, es probable que esa disminuya y tienda a extinguirse.

A partir de ahora, podría ser importante preguntarse si las conductas que despliega el sujeto se emiten porque le permiten obtener un beneficio en concreto, y de así serlo, estaríamos en mejor condición para analizar qué nos mantiene en movimiento y en qué medida. Además, a partir de ese punto, estaríamos también preparados para realizar el cambio de conducta, cuando nos percatemos de que algunas contingencias no se cumplan al emitir una conducta determinada. Algo que es muy útil cuando se traslada a un nuevo contexto.

Interiorización de lo expuesto y perspectivas futuras

La perspectiva aquí expuesta, ha tenido como intención permitir al sujeto realizar un análisis retrospectivo de su conducta a lo largo de su infancia, donde una parte importante de su comportamiento era guiado por la propia curiosidad, interés, novedad del estímulo y satisfacción personal y hemos abordado los conceptos que se utilizan muchas veces como sinónimos como el impulso, instinto o pulsión personal del sujeto, y que tenía como fin último la propia satisfacción del organismo.

Se ha partido de la premisa de que es necesario retroceder al origen, donde las normas sociales y las expectativas del entorno más cercano al sujeto, todavía tenían poco peso a la hora de influir en la libre expresión del comportamiento del sujeto, debido a que le permitiría hacerse consciente de que en la actualidad, gran parte de su conducta va dirigida a la consecución de estímulos impuestos por otros y dirigidos a satisfacer estándares de terceros, restándole todo y cualquier grado de control que pueda mantener sobre las consecuencias de sus acciones y que analizados en su profundidad no estarían proporcionando un alivio a una necesidad más íntima del sujeto, sino más bien, que le estarían redirigiendo hacía algo que se considera aceptable o valorado en la sociedad en la que vive, permitiéndonos así reestructurar nuestras acciones hacia aquellos objetivos que en su esencia, nos permite como individuos complacernos internamente, más que centrar nuestros esfuerzos en obtener continua aceptación externa, que se vería frustrada cada vez que no se cumpla la norma o no se alcance las exigencias fijadas de antemano.

En definitiva, hemos descrito un proceso de toma de consciencia de nuestras acciones y hemos dirigido nuestra atención a momentos tempranos de nuestro desarrollo buscando entender como las asociaciones entre estímulos, respuestas y contingencias podrían haber estado modulando nuestro comportamiento de adulto, a través de las relaciones establecidas en un momento anterior. Del mismo modo, hemos guiado el individuo a realizar un proceso de análisis acerca de dos variables muy importantes para su desarrollo psicosocial pleno, que es la motivación y el apoyo social.

A lo largo de los próximos artículos, desarrollaremos en detalle la influencia que tiene estos dos conceptos dentro del esquema psicológico y social del sujeto, y como podemos trabajarlas de una manera objetiva para retroalimentar nuestra conducta orientada a una meta específica, en ese caso, orientado al proceso de migración.


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Deivid Araújo es mentor en transiciones vitales, autodidacta y divulgador, apasionado por el desarrollo personal, la salud mental y la adaptación cultural. Combina experiencia práctica, reflexión cultural y perspectiva internacional para acompañarte a encontrar claridad, propósito y bienestar en cada proceso de cambio.

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