Impacto de la Inmigración en la Salud Mental

Entregarse al proceso del cambio psicológico y cultural

En este artículo, abordaremos el proceso de inmigración y sus efectos psicológicos desde una perspectiva introspectiva, que se sustenta en la premisa de que el individuo está dispuesto a experimentar una situación nueva con apertura, curiosidad, atención plena a sus sentimientos, emociones y pensamientos, sin resistencias o juicios de valor. De esta forma, permite a sus sentidos captar los matices sutiles de los nuevos estímulos del entorno.

En el punto que nos concierne, debo confesarles también que el análisis y razonamiento seguido en la presente exposición se lleva a cabo durante un proceso personal, en el cual me traslado a vivir en el estado austriaco de Vorarlberg, después de realizar mis prácticas en Psicología Clínica en una consulta en Viena y haber residido durante los últimos diez años en España. Tras exponer el contexto en el que se basa el proceso, fijemos nuestra atención a los detalles con apertura y atención plena.

Colectivismo e individualismo: ¿cómo influyen las diferencias culturales en nuestra mente?

En este punto, hacer una breve alusión acerca de la importancia de la diferenciación entre sociedades individualistas y colectivistas, y cómo el haber crecido en una u otra podría afectar a nuestro desempeño, sobre todo al inicio del cambio.

A lo largo de este texto, trataremos de exponer medidas que pueden ser implementadas durante el proceso de inmigración y adaptación a otro país, lo cual nos permitirá ajustar nuestra conducta, sistema de creencias y valores personales a la nueva realidad. El objetivo es prepararnos, sobre todo a nivel psicológico y emocional, para que el resultado al final del proceso sea lo más satisfactorio posible, disminuyendo así los efectos negativos que puedan producirse, como la frustración, la falta de apoyo social, la desmotivación, la pérdida de identidad o incluso sentimientos de arrepentimiento.

Dicho esto, conviene analizar el impacto cultural que supone el cambio de panorama relacionado con los hábitos y la cultura del nuevo país que nos recibe. En este caso, Austria, al igual que buena parte de los países centroeuropeos, se concibe como una sociedad individualista, caracterizada por concebir al individuo como un sistema autónomo y autogobernado, regido por leyes extrínsecas a él mismo, es decir, las normas sociales. En la mayoría de los casos, su curso vital sigue una línea rectilínea, donde el punto de partida lo delimitan sus valores y creencias, y la meta está marcada por el cumplimiento del curso habitual de vida en un entorno bastante estructurado.

Estamos, por tanto, ante características intrínsecas de sociedades altamente individualistas, en las cuales el individuo se mueve apoyándose en las leyes sociales y en las expectativas del entorno. Este tipo de ambiente valora la independencia personal y altos niveles de autonomía frente a la interdependencia.

En el polo opuesto, encontramos las culturas colectivistas, marcadas por un profundo carácter social y un sentido del yo más conectado con el entorno y con los demás. En estas sociedades se desarrolla un carácter más interdependiente e interconectado; construimos nuestros valores, creencias y sentimientos personales en base al grupo con el que convivimos. Esto nos permite acudir al grupo siempre que necesitamos consuelo o apoyo social.

Habiendo delimitado y ejemplificado estos dos tipos de sociedades que coexisten dentro del mismo continente, y después de haber residido de forma permanente en Austria durante los últimos siete meses, creo haber llegado al punto idóneo para reflexionar acerca de las diferencias culturales y, sobre todo, del impacto que pueden tener a nivel psicológico y emocional.

De Brasil a Austria: una mirada personal al proceso de adaptación

Para comprender mejor este análisis, es importante aclarar que he nacido y crecido en Brasil, una sociedad considerada todavía colectivista. Emigré a España a los 20 años, un país que, aun teniendo una cultura distinta a la mía de origen, comparte similitudes colectivistas.

Esta breve descripción nos ayudará a entender el argumento y la perspectiva sobre la que desarrollo el texto, así como facilitar al lector el proceso de identificación social y su ubicación dentro del contexto al cual nos referimos.

A partir de esta experiencia migratoria, después de un largo proceso de adaptación, diría que tuve que reaprender a gestionar las emociones y los procesos personales de una manera diferente. Fue necesario regular los niveles de autoestima y motivación a lo largo del camino, debido a que el nuevo entorno exige un proceso autorregulatorio constante de nuestra conducta.

Esto significa que existe un cambio importante a nivel cultural en la forma de desarrollar nuevas relaciones interpersonales y de concebirlas. En un primer momento, las relaciones interpersonales son más escasas y también más distantes, lo que nos obliga a ajustar tanto la cantidad como la intensidad de nuestras interacciones. Como he podido comprobar, en sociedades más individualistas las personas suelen ser menos propensas a compartir información acerca de su estado de ánimo o sentimientos, algo a lo que estamos muy acostumbrados en sociedades colectivistas.

Sin embargo, es importante resaltar que compartir nuestros sentimientos, emociones y disponer de un círculo social amplio nos permite obtener beneficios importantes, tanto a nivel social como psicológico. Entre ellos destacan la liberación del exceso de carga mental innecesaria, el mantenimiento de niveles adecuados de motivación, y la posibilidad de contar con modelos de conducta para ajustar nuestro comportamiento y resolver problemas relacionados con el nuevo entorno.

Reflexión desde la distancia: cómo el cambio cultural transforma nuestra percepción

Llegados a este punto de reflexión personal, me gustaría compartir una experiencia significativa que marcó un cambio de perspectiva durante este proceso: un corto viaje que realicé a Turquía, cuyo objetivo principal fue la introspección y la toma de perspectiva sobre los últimos meses vividos en Austria.

Debo admitir que emprendí este viaje en un momento en el que me sentía especialmente sensible a los cambios que había incorporado a mi nueva vida. Sentía la necesidad de encontrar un espacio distinto, quizás más familiar, que me permitiera ver desde otra perspectiva lo que estaba viviendo y, sobre todo, analizar lo que estaba echando de menos del contexto previo.

Fue entonces cuando comprendí la profunda influencia que el cambio cultural puede tener en nuestros sistemas perceptivos y psicológicos. Al observar una sociedad que comparte actividades diarias de forma conjunta, como el simple hecho de acudir a la mezquita y rezar, y al valorar la disciplina y el respeto que se manifiestan tanto hacia el acto como hacia el prójimo, surgió una pregunta inevitable:

¿Hasta qué punto somos dependientes de los demás para construir nuestros sentimientos, creencias y sentido de identidad personal?

Para responder a esta cuestión, conviene tomarse el tiempo necesario para situarse en el contexto de esta exposición, entendiendo que el acto de acudir a la mezquita, realizado con asiduidad, permite a los involucrados cultivar no solo el aspecto religioso uno de los pilares fundamentales del bienestar humano— sino también fomentar interacciones sociales con efectos positivos a nivel psicológico.

No obstante, lo que realmente nos interesa aquí es resaltar el valor de las interacciones sociales y de las actividades que se realizan de manera conjunta, independientemente de su naturaleza, ya que son éstas las que proporcionan el ambiente perfecto para que surja la retroalimentación personal.

Características del comportamiento en Centroeuropa: autonomía y distancia social

En Centroeuropa, existe un mayor grado de autonomía individual. Se valora especialmente la independencia personal, la puntualidad, la exactitud, la jerarquía y el respeto, sobre todo hacia los superiores o las personas mayores. Sin embargo, este modelo social conlleva, como contrapartida, un menor grado de relaciones sociales, interacciones más distantes y un proceso más largo para construirlas.

Este ritmo más pausado en la creación de vínculos puede retrasar el proceso de integración plena de las personas, ya que el apoyo social, tal y como lo entendemos en culturas colectivistas, resulta más costoso de alcanzar. Generalmente, el soporte emocional en estos contextos es fruto de un largo proceso de adaptación y de cambios de concepción sobre el vínculo y la confianza interpersonal.

El proceso de cambio e inmersión en una nueva cultura sucede de manera gradual. Necesitamos contrabalancear nuestros recursos psicológicos para contrarrestar los efectos perjudiciales que la falta de estímulos reforzadores sobre nuestra conducta pueda ocasionar. Dicho de otro modo: el cambio implica un ambiente nuevo, costumbres distintas, un clima diferente, entre otros factores, y requiere una gran cantidad de recursos cognitivos y motivacionales para desarrollarse de manera satisfactoria.

Con lo expuesto hasta aquí, la idea es que el lector pueda reflexionar acerca de la necesidad de retroceder a lo largo del proceso una vez que se encuentre inmerso en él. Es necesario hacerse consciente de cuáles son aquellos factores personales, motivacionales o emocionales que todavía no han podido ser atendidos, y que en el contexto anterior servían como base importante para el autoconcepto y el sentimiento de valía personal del propio yo.

En mi situación particular, y una vez analizado el contexto desde una perspectiva lejana, me percaté de algo significativo: al llegar a Turquía, lo primero que llamó mi atención fue la manera en que las personas acudían de manera rutinaria a la mezquita. Este acto, realizado en presencia de otros, contrastaba de forma clara con mi rutina reciente en Austria, donde la mayoría de mis actividades se realizaban de manera individual.

Esa simple observación, el acto social de compartir espacio y propósito, despertó en mí una profunda reflexión. Cualquier proceso que implique modificar ese componente social tan arraigado en nuestros genes requiere un esfuerzo enorme y genera consecuencias psicológicas de las que muchas veces no somos plenamente conscientes.

La perspectiva que busco ofrecer al lector es clara: en las sociedades colectivistas, las personas tienden a realizar actividades conjuntas, acudir a la mezquita, tomar un té o simplemente compartir un café, mientras que en las sociedades individualistas hay una preferencia por realizar tareas en solitario.

En este caso concreto, utilicé el ejemplo de Turquía porque fue allí donde pude ver de forma más explícita las diferencias culturales que estaba viviendo, y reflexionar sobre la distancia social existente entre distintos países. No obstante, podríamos mencionar también naciones como España, Italia o Portugal, donde el contraste cultural con Centroeuropa sería igualmente evidente.

Nota del Autor

Para finalizar nuestra exposición caros lectores, me gustaría resaltar la importancia que tiene el análisis profundo de los factores psicológicos implicados en nuestra motivación, así como el acto de hacernos conscientes de nuestros estados internos em momentos de transición en nuestras vidas, debido a que el dato subjetivo y la imagen mental que tenemos de nosotros mismos, es lo que nos permite avanzar con propósito, valentía y con las herramientas necesarias para hacer cualquier cambio posible.

Asimismo, en el próximo artículo seguiremos nuestro análisis de los síntomas que pueden presentarse a lo largo de un continuo proceso de transición social y proyecto de inmigración personal.

Un saludo y hasta pronto!

Deivid Araujo – Psicólogo U.N.E.D

Mención en Intervención Clínica en Trastornos Mentales y del Comportamiento y Mención en Psicología de la Salud.

Escritor y divulgador en Salud Mental y Adaptación Cultural.


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Un comentario

  1. […] artículo es la continuación de la publicación anterior denominado Psicología de la inmigración: ¿cómo adaptarse emocionalmente a un nuevo país?. Este artículo tendrá un tercera parte, que se publicará en breve, donde abordaremos las […]

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Deivid Araújo es mentor en transiciones vitales, autodidacta y divulgador, apasionado por el desarrollo personal, la salud mental y la adaptación cultural. Combina experiencia práctica, reflexión cultural y perspectiva internacional para acompañarte a encontrar claridad, propósito y bienestar en cada proceso de cambio.

Cada artículo y taller nace de la práctica, la observación y la curiosidad por comprender cómo pensamos, sentimos y nos adaptamos en distintos contextos, brindándote herramientas útiles para tu crecimiento personal y profesional.

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